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Un niño siempre necesita de sus padres. Es por eso que enfocamos el divorcio como un momento dentro del proceso familiar que no implica su ruptura. Cualquier acuerdo al que se arribe debe contemplar la prosecución de un vínculo seguro del niño con ambos progenitores ya que la constitución de un sujeto se da en el vínculo con sus padres. Los padres pueden separarse, pero la triangularidad padre-madre-hijo se mantiene para el niño y esto le da cohesión.
En este sentido, es importante que el niño sepa que aunque sus padres no pueden continuar viviendo juntos, continuarán unidos en su responsabilidad y preocupación respecto a él. |
Para la pareja parental no hay divorcio. El divorcio escinde a la pareja matrimonial de la pareja parental. Sin embargo, el divorcio de los padres concierne al niño ya que introducirá cambios de orden práctico e impactos de orden emocional en su vida.
Muchas veces, los padres frente al divorcio, no pueden mantener la neutralidad suficiente como para comunicar la situación al niño y ayudarlo en la elaboración de la misma. Asumir el límite propio puede abrir el camino a un pedido de ayuda profesional que oriente y contenga. Si bien un divorcio es algo doloroso para un hijo, esto no tiene porque ser un obstáculo a su crecimiento y maduración si se logra preservar el afecto y el respeto a ambos padres.
En conclusión, los hijos requieren una pareja de padres para crecer y desarrollarse y es responsabilidad de los padres sostener este vínculo. Es sobre la base del amor y la estima a ambos progenitores que el niño podrá construir su autoestima y autonomía.
Lic. Cristina Chalen
Psicóloga. |